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Acné… ¿lo causa mi alimentación?


El acné es una de las alteraciones dermatológicas más frecuente en la población, especialmente entre los adolescentes. La importancia de esta condición no sólo radica en su frecuencia sino también en el impacto que conlleva. Tanto el acné de la adolescencia como el acné adulto pueden dar lugar a la pérdida de autoestima y al sentimiento de inferioridad.

Su aparición se debe a la inflamación y a la obstrucción de los folículos pilosos y de las glándulas sebáceas. Hay múltiples factores implicados: la biología de la propia glándula sebácea, la producción de sebo, influencias bacterianas, hormonales y diversos factores nutricionales.

Durante muchos años, se creía que no existía una relación directa entre los alimentos y el acné. Pero los últimos estudios demuestran que una dieta rica en alimentos con alto índice glucémico como el azúcar, las harinas refinadas, las bebidas industriales y los lácteos agravan la aparición del acné.

La buena noticia es que el consumo de chocolate oscuro, siempre y cuando contenga por lo menos un 70% de cacao, no ocasiona el incremento de acné en la piel, como se creyó durante muchos años. Sin embargo, si su porcentaje de cacao es menor, el chocolate tendrá un alto contenido de grasas y azúcares y podría inducir tanto una mala alimentación, como un incremento de imperfecciones en la piel.

Es por ello que el primer paso para mejorar el aspecto de la piel es la modificación de nuestros hábitos alimenticios:

 Diles adiós a las bebidas industriales (refrescos, jugos, agua con saborizante, etc.), mejor prepara infusiones con agua natural y fruta de temporada.

 Evita la repostería ultraprocesada. Si tienes antojo de un sabor dulce puedes optar por un alimento Profood.

 Aumenta el consumo de verduras, come mínimo 4 porciones al día.

 Consume 3 porciones de fruta al día, ya que contienen vitaminas y antioxidantes, los cuales harán que tu piel luzca fantástica.

 Agrega a tu dieta grasas buenas como aceite de oliva, nueces, aguacate o almendras.

 Consume máximo 3 veces a la semana algún lácteo (leche, yogurt) y procura que no contenga azúcar.

 ¡No olvides tomar 2 litros de agua diario!

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